15/03/2011
Seguimos la historia
-Todo estará bien- dijo la guerrera a la gitana.
-¿Como lo sabes?- contesto esta al tiempo que la miraba.
-La fuerza de esta habilidad es grande pero reconozco parcialmente su esencia Ghaleon la usaba también lo que me hace empezar a creer que no usaba magia en su totalidad para sus conjuros, es similar a algunos hechizos que vi en él y no lograba comprender porque eran tan diferentes de los que yo practicaba. Las protecciones que acabo de levantar nos mantendrían a salvo de esto y muchas cosas más. Mi fuerte no es el ataque, de eso se encargaba mi marido, pero la defensa es mi elemento no hay mucho que puedan hacer y sobrepasarme, incluso en algún momento llego a creer que ni mi esposo ni el ministro de la magia podrían superar las defensas con las que he trabajado.
-¿Quien es tu esposo?
-Un elfo que parece ser muy popular en este plano, he leído solo muy poco de sus crónicas de este plano. Lo que puedo decirte es que es uno de los que se les conoce por ser regente de la costa de la magia.
-¿La costa de los magos? Pero ese lugar hasta nuestro último paseo solo existía solo una guardiana su nombre era Thelma una anciana venerable y muy agradable por demás decirlo.
La guerrera angelical hizo acopio de un conjuro más en su vocabulario al tiempo que mantenía la barrera mágica que las tenía intactas. Cuando terminó de formularlo volvió la vista hacia la mujer gitana que estaba apegada a ella.
-Tendras que confiar en mí una vez más será mejor que desaparezcamos en este instante, de esta manera podremos mantener vigilados a la mujer con la que combatiste y a la alquimista, es necesario que contemple a detenimiento lo que suceda aquí entre estas personas. Y pronto te hare reunirte con ellos, pero no es tiempo ahora. ¿Entiendes?
La gitana asintió con paciencia pero no escapo a Esmeralda el hecho de que en sus ojos se mostraba la duda de lo que le decía. Dejo libre su conjuro al tiempo que lo moldeaba a su gusto como el Magister le hubiere enseñado en tiempos anteriores.
Arkhal levanto con fuerza al alquimista estrangulándole con la fuerza que se confería del dolor.
-Basta maldito, mi hermana esta ahí dentro-
La fuerza del coloso de piel oscura era notable mientras que, ajena a aquella situación Celes miraba aun sorprendida lo que había dentro de la alquimia, ella estaba consciente de que todo estaba bien en un momento, podía ver a ambas criaturas la silueta estaba bien definida dentro de las llamas. Abrazadas y agazapadas, pero se dio cuenta del peligro que representaba la alquimia. No era como el resto de las magias comunes. Ya que el fuego que observaba iba incrementando su poder hasta que inclusive a ella le molesto el asfixiante calor que la cubrió. Dio un paso atrás y sintió aquella descarga eléctrica en su cuerpo. Era suficientemente fuerte para haber matado a un ser común, Al parecer la pequeña que estaba dentro de aquellas llamas tenía grandes cualidades. ¿Qué la había hecho tener tales aptitudes mágicas? ¿Un conjuro hecho con todo su cuerpo? ¿En realidad existía tal capacidad? ¿Quién le instruiría tal habilidad? Penso con la habitual velocidad y se acerco a Arkhal y al alquimista ¿Cuál habían dicho que era su nombre? ¿Alois? Sí, algo así era. Presiono la mano del negro guerrero al tiempo que tomaba de las ropas a Alois y hablo midiéndoles a ambos.
-Acaba ese conjuro o su hermana podrá estar en un peligro, ella podrá usar poca magía pero la otra mujer es una experta según contaron algunos habitantes de la costa de la magía- Cambio de interlocutor al dirigir la mirada a Arkhal quien ahora con la mano libre trataba de mover el agarre que laceraba su físico con tanta firmeza- Y tu, deja de actuar de esa manera si esa maga se libera… no tendremos oportunidad de combatirla si no unimos las virtudes de este alquimista con mi talento.
-¿Porque he de creerte?- Añadió Arkhal mientras el enano reaccionaba a intentar ayudar al señor de la cofradía.
-Porque nosotros veníamos cazando a ese par de brujas no sabiendo que buscaban o donde iban a atacar…-Las palabras de Celes se rompieron cuando algo dentro del fuego se escucho quebrarse y finalmente el fuego comenzó a crepitar.
Todos miraron con furía a Alois quien inmediatamente disipo su habilidad, un manchon del color azul albiceleste quedaba en todo caso de la capa de Esmeralda y las armaduras chamuscadas, hirviendo al punto de la fundición.
Sigo mañana con esta historia gocenla buena la tengan mejor la pasen.
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bloodyknife @ 15/03/2011 dijo:
*o* ando picadisima en esta historia!!!!
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