En aquellas palabras los compañeros de Arkhal
intercambiaron miradas, y Hitomi buscaba con sus ojos a Celes, la había visto
en el campamento, ahora ignoraba su situación, Dryden por igual se había
alejado de ellos, la joven gitana que había hecho buena amistad con Esmeralda
rondaba con aquel caminar grácil a su alrededor. Sus ojos demostraban
preocupación y nerviosismo pero curioso fue que buscó primero el cobijo de su
maestra Nienna antes que el de su hermano.
Un aliento más… era lo único que deseaba se dijo de esta
manera que no caería en aquella situación por más negra que estuviese, había
salido a hacer frente a las huestes de Reichero ordenando a todos que se
guardasen tras el muro que habían hecho los arboles al ser moldeados por los
elfos con tanta dedicación, una muralla natural y confusa, que impedia a ojos
ajenos apreciar la hermosura del reino que estaba en su interior. En su mente
acudió el recuerdo nítido de Kjeldor, aquel precioso bosque que el mago había
hecho con magia, por alguna desgraciada situación lo recordaba ahora en toda su
calma, el enorme árbol era una mansión, cien metros de altura como minimo y
dentro del mismo se habrían habitaciones comodas de madera, en algunas de
ellas, había pequeñas chimeneas y los hermosos vitrales que eran puerta y
ventana de cada estancia, su habitación, como amiga y compañera de Ghaleon,
ella tenía derecho a estar en lo más precioso de aquel paramo calmado y
delicioso. ¿Qué había sido de aquel remoto tiempo donde con tanta terquedad
como inocencia su inmaculada alquimia la había llevado a esto? ¿Qué fue de
aquel mago que le procuro protección y enseñanza? Había dudado un momento, solo
un segundo cuando el señor de la calavera y aquella criatura convocada fueron a
su ataque. El nombre del hechizo fue conocido (finalmente, lo cual dibujó una
sonrisa efímera en el rostro de la alquimista) y también el nombre de la
demonio que habían convocado para combatirle Kartia… recordaba aquel nombre
pero habían pasado siglos desde que lo escuchara (o por lo menos así lo sentía)…
cuando Ghaleon estuvo delante de su ancestro en el infierno, el nombre había
sido pronunciado por alguien en la distancia cuando ella atacaba a Esmeralda en
compañía de Geburah y Altair. ¿Cuánto había pasado desde aquel entonces? Catfe
se encontró con la formidable defensa de su homúnculo quien con destreza y un
despiadado ataque lo mantenía a raya incapaz de poder concentrarse en ejecutar
un conjuro en su contra. Shante tampoco se prestó tarde al combate, Kartia
había sido conjurada directamente a un ataque con su latigo el cual jamás
impactaría en la ama de Shante, antes perdería la vida honrosamente y fue ella
quien recibió el azote en castigo (se dijo a si misma) por no haber estado
suficientemente preparada y lista para protegerla de una mejor manera. Pero lo
que le paralizó fue el haber encontrado a Geburah de frente y no tener ningún
sentimiento salvo la ira cuando se lanzó a atacarla. Su concentración se hizo
pedazos.
-¿Es esto para lo que has venido?
Ninguna respuesta.
-¡Contesta Geburah!
Silencio.
Lain sufrió un desanimo sus manos colgaron laxas mientras veía a la bestia llena de odio acometer en medio de todos los esqueletos y alquimistas. Observó todo a su alrededor, ¿De que le servía el poder? Había perdido a Ghaleon, a Geburah en aquella guerra, ¿Qué le quedaba?
El demonio salto y el punto más alto comenzó a trazar una diagonal mortífera la espada apuntaba a su pecho. Eso era todo, no había despedidas largas ni un abrazo, nadie que la reconociere. Solamente silencio, el final de su vida sería el de una guerrera que estaría olvidada entre los despojos de los otros combatientes caídos, guiado por la mano del ser que amo tanto como para haber engendrado a su primogénita. Cerró los ojos finalmente con la imagen de Ghaleon en su pensamiento, pero ahora no estaban espalda con espalda, ni siquiera de frente, él le había dado la espalda, aquel largo y hermoso cabello plateado, lacio y bien arreglado siempre ondulaba frente a ella.
¿Ni siquiera tú me darás un adiós digno, mago?
-¡Pelea!
-¿Cómo?
-Pelea por tu vida, pelea por seguir un día, pelea por cambiar el futuro.
-¿Es esto para lo que has venido?
Ninguna respuesta.
-¡Contesta Geburah!
Silencio.
Lain sufrió un desanimo sus manos colgaron laxas mientras veía a la bestia llena de odio acometer en medio de todos los esqueletos y alquimistas. Observó todo a su alrededor, ¿De que le servía el poder? Había perdido a Ghaleon, a Geburah en aquella guerra, ¿Qué le quedaba?
El demonio salto y el punto más alto comenzó a trazar una diagonal mortífera la espada apuntaba a su pecho. Eso era todo, no había despedidas largas ni un abrazo, nadie que la reconociere. Solamente silencio, el final de su vida sería el de una guerrera que estaría olvidada entre los despojos de los otros combatientes caídos, guiado por la mano del ser que amo tanto como para haber engendrado a su primogénita. Cerró los ojos finalmente con la imagen de Ghaleon en su pensamiento, pero ahora no estaban espalda con espalda, ni siquiera de frente, él le había dado la espalda, aquel largo y hermoso cabello plateado, lacio y bien arreglado siempre ondulaba frente a ella.
¿Ni siquiera tú me darás un adiós digno, mago?
-¡Pelea!
-¿Cómo?
-Pelea por tu vida, pelea por seguir un día, pelea por cambiar el futuro.
La voz era distinta, no era la dulce voz de Ghaleon, era
más similar a la de Istar la del guerrero firme que siempre vigilaba la ciudad
de Zhan Hou, la otra esencia de Ghaleon, pero él tenía el cabello corto.
-Pelea, ¡álzate!
Lain levanto la vista, no supo exactamente en qué momento
había sido que abrió los ojos o si solamente fue un parpadeo, pero lo siguiente
que observó fue la melena plateada, un hermoso moño color rojo la mantenía
firmemente anudada, la patada había desviado el metal de Geburah hasta que este
se incrustó en el suelo, usando el lado romo de la espada como base el guerrero
se giró sobre si mismo y lanzó una patada firme al rostro de su rival. Geburah
salió lanzado hacia atrás mientras que el caballero bajó de la espada clavada
en el piso ante ella y la volvió a ver por encima del hombro, su quijada
desencajada por el salvajismo mostraba unos caninos prominentes.
-Me encargaron cuidar de tu vida, espero que la valores
más puesto que si no serás un estorbo o una carga inútil. –Se giró bravío, ya
había encontrado a su rival cuando Blackrose salió de su parálisis. Pero el
rostro enérgico del guardia era ¿Ghaleon? El cabello, el porte, sus palabras,
era el maestro de ella. ¿O no? Jamás lo sabría, ya que aquel personaje se lanzó
al combate cerrado abriéndose paso entre los seres de ultratumba, importando
muy poco lo que se interponía en su camino, era elegante, poderoso pues con
manos y pies se deshacía de todo lo que se ponía en su paso a confrontar a
Geburah. Los muertos siguieron avanzando hacia ella mientras que Geburah volvía
a saltar para caer sobre el adversario que le había arrebatado su dulce placer.
-¡Ghaleon arriba!-Gritó Lain mientras esperaba que su voz
se alzara por encima de los gritos y las trompetas, el guerrero parecía no
entender a quien se refería pues no presto atención concentrado como estaba en
esquivar a un enorme coloso de carne que le había cerrado el paso. Y Geburah
aprovechando aquel punto ciego en la vista del rival descendería inclemente a
fulminarlo.
La alquimia nació en su sangre, sus ojos se pusieron en
blanco cuando el hielo congelo todo en su ser hasta el corazón mismo. Su cuerpo
se recubrió de hielo y después se fundió su esencia al elemento. Supo el radió
que podía abarcar para llevar todo al punto de congelación y mucho más abajo,
no podía hacerlo en donde ella se encontraba ya que el hechizo protector de la
ciudad absorbería casi la mitad de su poder, pero poco se desperdiciaría si lo
hacía en donde se encontraba el guerrero que le había salvado la vida.
-Aero- Demandó en su trance haciendo que el viento le
obedeciera, y de un firme impulso se levantó con la vista fija en su oponente
que descendía a dar muerte al guerrero que tenía las vestimentas de mayordomo.
El tiempo fue crucial y los segundos se hacían eternos en el momento en que
ella caía al piso y todo lo que le rodeaba se cubría de un hermoso color blanco
irreal y cristalino, congelando en el acto todo a su alrededor. Una niebla
negra apareció cuando su ataque pudo haber alcanzado a Reicario, pero ella no quiso
concentrarse en esto, estaba más preocupada en dar forma al hechizo,
reconociendo la esencia del mayordomo para que este no fuere afectado por su
conjuro.
-Siéntelo- La voz hablaba en su interior, -Libéralo con
calma enfoca los objetivos, afecta solamente lo que quieres que esto toque, no
permitas que nada interrumpa tu concentración.
Su mirada carente de iris solamente se enfocaba al
frente, pero era tener todos sus sentidos despiertos, ella sabía el error que
cometería si su estado era interrumpido, no importaba ya su físico, ella era el
hielo que cubría todo lo que le rodeaba, una muesca en este no importaba,
solamente la frustración le llegaba cuando intentó ferozmente pasar aquel muro
de tinieblas que se había levantado antes de que alcanzara a Reicario.
Se preguntó cómo era que en ese momento podía escuchar
tales voces en su mente cuando todo se estaba congelando y podía ver la
retribución de los alquimistas aparecer en el aire, inmensas bolas de fuego que
golpeaban los arboles y de pronto varias de ellas se enfrentaron en un torrente
de fuego, el objetivo había sido ubicado.
-No pierdas el control- Continuaba aquella voz trastornándola.
-¿Quién eres?- La voz salió muy dolida el fuego había
hecho un torrente que se vertía como si fuere liquido encima de su cuerpo
físico, el hielo resistía pero el dolor era como estar dentro de un horno
encendido. Todo era dolor y sin embargo ¿Le pedían que se concentrara?
-Guarda la concentración o terminaras cayendo bajo ese
conjuro. Si no mantienes la magia bien establecida en tu cuerpo te va a
devorar. Asegura que no vas a crecerlo más, baja la temperatura que el aura
fría de tu cuerpo haga todo por repeler el daño que estás recibiendo o te van a
romper la concentración, el desenlace de esto puede ser fatal.
Lain levantó la vista y pronto sintió como unos pasos
ligeros llegaron a su espalda, el fuego le rodeaba pero la aura era conocida
rival de antaño, extraño que en ese momento gozara con su presencia.
-Pensé que sería solo la primera en caer.
-No mientras esté aquí Blackrose, si alguien se llevará
ese tipo de honor, no merece ser una aprendiz incompleta como tú.
-También te aprecio perrita fiel de Ghaleon- Fue la
respuesta, pero en realidad el consejo funcionaba, el calor poco a poco se
retiró de su cuerpo cuando la dama celestial se acercó a tomarla por la espalda
aquella fuerza protectora fue abrumadora. Los quejidos de alguien delante de
ella pusieron todo en marcha nuevamente.
-Esmeralda, adelante, unos cincuenta pasos, un ser está
combatiendo con Geburah, sin armas, se parece mucho a…
-…Ghaleon. Sí –Suspiró Esmeralda- Es algo que imaginé
ambos tienen más o menos la misma fuerza física.
-¿Quién es?
-No lo se, pero no hay porque preocuparse, es algo brusco
y sus movimientos son muy firmes.
El hielo comenzó a arder todo alrededor y Lain comenzó a
sentir el verdadero dolor de cómo todo su cuerpo se volatilizaba.
-AAAAAAAAAAHHHHHHHHH..
-Ja ja ja ja ja-la risa cacofónica de aquella criatura
fue inconfundible para Esmeralda mientras con un giro firme de su arma apartaba
las llamas sofocándolas, por la fuerza con la que el viento se apartó de ahí.
-Estás bien Blackrose?
La alquimistas tuvo que reducir el conjuro, regresarlo a
su mano y alimentar con ello el sello de la alquimia, un toque en el hombro que
Esmeralda hizo aquel dolor se esfumara.
-Ella es mia.
-Eso fue alquimia, cambió mi elemento.
-Así es, Esa cosa no se si es hombre o mujer, pero me
debe un combate y aquí no hay nada que me importe.
Lain retomó su cuerpo y pudo observar como su amado y
aquel feroz guardián se enfrascaban en un combate cerrado, los golpes de aquel
mayordomo eran finos y potentes, Geburah más torpe en aquello ya había hecho
sangrar a su adversario, después de todo no necesitaba más que asestar un par
de veces para hacer sufrir a cualquiera y solo un par más para borrarlos del
mapa. Tronando sus dedos la alquimista atrajo sus espadas de hielo, manteniendo
la concentración en ellas para que no las volvieren a trasmutar, las solidifico
más allá de lo que cualquier acero y cuando los alquimistas comenzaron su
ritual la vista de Esmeralda estaba contemplando el horizonte.
-Allá en lontananza está Reicario, tenemos que detenerlo,
si el maldito termina el conjuro que dice estar fabricando todo el mundo
sufrirá.
-Malditos sean los magos y sus creaciones para dañar a
terceros. –Escupió molesta Blackrose.
-El no es solo un mago, es un alquimista y sus huestes se
mueven con una mezcla de ambas cosas. La mujer apuntó su lanza contra los
muertos vivientes que salían del hielo que había sido su tumba para continuar
caminando contra la ciudad. Cuando estuvo seguro de su objetivo acomodo su arma
en ristre, los alquimistas atacaron con una verdadera mezcla de artes donde se
fundían metales arrojadizos y elementos por igual, todo fue ignorado tras
aquella estocada. Lain ya había visto ese ataque con anterioridad, no sabía que
tenía que concentrarse para ejecutarlo, pero la postura de su arma fue
meticulosamente calibrada, flexionando las piernas también en un movimiento
metódico y el empuje fue elegante, firme y poderoso, no había ninguna
desviación su lanza tenía en la punta su objetivo y el impulso de sus pies fue
directamente sobre aquel objetivo, aunque su salto fue bloqueado por un pútrido
engendro muerto-viviente que se notaban aún sus órganos cayendo del cuerpo,
esto no hizo ninguna mella, el golpe salió firme, poderoso y tuvo un alcance de
decenas de metros cuando todo se desintegro en el paso de semejante presión de
aire.
-Una vez esa cosa te parte puedes imaginar un par de
maneras de evadirlo- Habló la criatura cuando apareció materializándose del
viento, con aquella voz ambisexual y burlesca. Transformó sus uñas en
prominentes garras mientras aquel cuerpo afeminado se exhibía vulgar con poca
ropa.
-¡Esmeralda! –Lain se lanzó a la carga con una sonrisa en
labios.
-Muere perra. –Fueron las palabras de aquella criatura
mientras veía el cabello azul de la dama acomodarse lejos de su rostro,
mostrando una sonrisa victoriosa. La descarga elemental fue un prodigio, fuego
y electricidad comieron la piel de la criatura mientras que el viento se
acumulo un segundo un momento después ya estaba ella volando lejos en la
distancia justamente al lugar donde Lain le atravesó el costado en la parte
baja, sintió la piel de la criatura ser partida hasta que el árbol contra el
que la empujó se abrió ante la fría espada. No hubo un gemido mayor, solamente
un ahogado y discorde sonido, la sangre manchó el brazo libre de Lain ya que lo
había usado para cargar contra aquel cuerpo al viento.
-Idiota –Ni los golpes más firmes de mi hija y míos
pudieron traspasar la defensa mágica de Esmeralda completamente eufórica ante
la promesa de una guerra donde finalmente pondría a prueba toda su preparación.
Cuando descargo el segundo brazo contra el cuello de
aquella criatura, la misma se había difuminado en el viento, comprendió medio
segundo lo que estaba sucediendo y su instinto más que otra cosa, le hizo
invocar aero mientras se levantaba, las garras de aquella criatura atravesaron
la madera del mismo árbol solo un momento después de que Lain evadiere el
golpe, aunque igualmente Esmeralda había cargado de espaldas y golpeado con una
embestida el cuerpo de aquella criatura y cuando giró su arma estuvo lista para
fulminarle, pero los alquimistas no se quedaron de manos cruzadas, la tierra se
abrió bajo Esmeralda devorándola entera, dando tiempo a que aquel engendro se
recuperara. Lain desde el cielo tuvo que invocar en repetidas ocasiones aquel
conjuro de viento, ya fuere para impulsarse ella misma o bien para detener los
proyectiles, cambiarlos de rumbo y afrontar el mar de situaciones de aquella
manera sin desgastarse. Un grupo de alquimistas se encontraba guarecido bajo la
sombra de un árbol, pero para su visión infernal era como observarlos en clara
diana. Volvió la vista abajo, donde su arma y uso el aero para bajar a recoger
aquella que estaba clavada, ya no daba cuenta de Esmeralda, tampoco observaba a
Geburah por ningún lado, los zombies lento, pero constante habían alcanzado las
puertas de la ciudad, estás habían ya sido cerradas y los arqueros se revolvían
vanamente por intentar bajarlos. Los de mayor rango igual con sus flechas
elementales incineraban y reducían al enemigo en un santiamén, la ciudad podría
aguantar un buen asedio ciertamente por algo el maldito orgullo tan arrogante
de los elfos al estar tras esa solida muralla natural.
-Refuerzos verdaderos ¿Donde están? –Musitó un tanto
preocupada pues sabía que ella estaba en desventaja con aquella criatura cuyo
dominio de alquimia; aunque doliere decirlo, imperaba sobre el suyo propio.
Un estruendo un golpe más seco que el resto le hizo
volver la vista mientras usaba el aero como lo había visto en aquella mujer,
sobre su propio cuerpo y sintió como se desmaterializaba y todo a su alrededor
le empujaba en direcciones distintas, luchó contra si misma por mantenerse
unida, pero su propio uso de la alquimia la invitaba a mantenerse separada.
¿Esto lo enfrentabas a cada momento con la magia elfo? ¿Luchar para que tus
conjuros no te devorasen en el uso de los mismos? La criatura, aquella
inverosímil porquería debería estar acechándola, en el momento en que ella
misma apareciere ¿La otra aparecería? Indudablemente, tendría que estar
preparada para ello, no descuidarse ni un instante. ¿Cuál sería el alcance de
su Alquimia? Su sonrisa apareció pues pronto lo descubriría. Avanzó entre los
alquimistas, el grado de concentración de todos era absoluto, los simbolos de
la tierra se dibujaban en sus brazos. Los demás avanzaban prudentemente entre
las sombras de los arboles contra los muros de la ciudad, sus trucos servirían
cuando el muro mágico de la ciudad sucumbiese, pero de otra manera era inútil,
en cuanto el alto concilio de archimagos se reuniere en los muros ellos serian
pomada, siempre y cuando Reicario no terminase de ejecutar La noche de las
sílfides de lo contrario ellos serían solamente un grupo de ancianos a merced
de jóvenes guerreros y mercenarios en todo su poder.
Una enorme piedra salió encima de ella y no pudo evitar
volver la vista, tenía el peso necesario para destruir aquellas puertas de
madera. Los guerreros en la muralla ni se inmutaron, y era de esperarse pues
aquella roca jamás impactaría, suspendida en el aire por un momento perdió todo
impulso y cayó con un sordo golpe al piso sin fuerza alguna que la moviere.
Ghaleon y los que levantaron aquel escudo eran sabios y poderosos, ya que
protegieron de magia, de metal y piedra. ¿Qué más habías previsto amigo? Su
pensamiento fue extraño, lo veía como un superior, lo veía como un cercano,
como un amigo, no era ya algo que pelear como el amor en esta guerra, eran las
vidas que estaban tras ese muro lo único que le quedaba por defender, y su
cuerpo no sería más importante que el de cualquier otro en la fosa común donde
enterrarían a los caídos. ¿Esmeralda la resucitaría? Solo si ahora la ayudaba y
eso le recordó… Deambuló entre los alquimistas, uno pronto cayó, el elemento
brillaba más allá de su mano y ella misma lo sabía, si el elemento llegaba a
apoderarse del cuerpo más que su propio control se perdería dentro del mismo.
Era obvio que necesitaban mucho dominio para retener la fuerza que estaban
neutralizando ¿Era Esmeralda capaz de poner a seis rivales a consumirse de esa
manera? Se frustró ya que la otra criatura que le rondaba también en modo
etéreo era rival más que suficiente para sí misma y Esmeralda podía mantener
ocupados a tantos era algo que la hizo ponerse molesta, se depositó a sí misma
en medio, conjuró a plenitud nuevamente el hechizo que había aprendido de
Ghaleon y se materializó en ese momento explotando el viento que reunió para
materializarse y al mandarlos en todas direcciones sintió la presión y el
desconcierto que causo esto entre los guerreros aledaños.
-¡Esmeralda levántate!- Gritó firmemente mientras que
levantaba la vista, mantenía el aire controlado en presión cuando sintió la
mínima variación del mismo recubrió su espalda y su brazo con una armadura, fue
la decisión correcta la guadaña entró en contacto con aquella armadura al
tiempo que se solidificaba, pudo sentir como entraba en su cuerpo y el punzante
dolor que entregaba aquel amargo sabor a sangre. Desvió la arma que debería
haberla partido en dos y utilizó la palma para liberar el viento en contra de
aquella criatura, su dolor fue algo insignificante, levantó la vista a donde
escuchó el estampido a donde proyectó a aquella cosa y al ver como se reía solo
atinó a mantener la calma, su costado sangraba un momento y en el que sigue el
hielo detuvo la herida, le hizo un poco más difícil la movilidad pero era mejor
esperar a que el hielo quemara el liquido, una vez lo congeló, simplemente
reconstruyó su cuerpo a partir de él. La criatura se levantó del roble donde
impactó mientras levantaba la guadaña sobre su hombro.
-No eres más que un jodido andrógino insignificante. –Escupió
Blackrose sumamente satisfecha por la aseveración e irritada, pero no perdería
el juicio, había tenido suficiente de esa criatura.
-Y tú una niña indefensa sin tu amiga. –Le espetó con aquella
voz bisexual.
-Ella es una guerrera, esposa de un Archimago que mató
criaturas como tú desde mucho tiempo antes que yo tuviere uso pleno de la
alquimia y aprendiere de él la magia.
-¿Así que tu eres la aprendiz de ese bastardo? Solían
decir que tenía especial predilección por cuidarte y martirizarte, como
también… -sonríe- Que te cuidó y dejó a tu alcance todo tipo de enseñanza para
que pudieres ser igual o superior a él. Es decepcionante ver que eres tan débil
y que eso es mentira, no usas la magia, eres una alquimista no lejana a lo que
el tanto odió y destruyó.
Lain avanzó atemporal y siniestra, decidida a acabar con
todo aquello.
-Él confió en mí, y yo aprendí todo cuanto pude sin apreciar
nunca su sabio consejo.- Se sentía rara defendiendo de esa manera al elfo, pero
en ese momento era un duelo y aquella criatura no se iría con ningún gane, no
frente a ella. –Fue un buen maestro y tuve el placer de sentir su enseñanza, y
ahora que veo el legado que ha dejado en este mundo me doy cuenta que debí valorarlo
más mientras estuvo a mi lado como instructor.
La armadura la recubrió completamente mientras su cuerpo
bajaba los latidos hasta ser casi imperceptibles.
-Eres solamente un gusto más que me voy a dar al
destruirte. Creí que habías aprendido que tu dominio es muy pobre comparación
del que usamos los verdaderos fugitivos.
-¿En serio? –Los ojos de Lain se cargaron de energía
desapareciendo el iris al verse como diamantes, cristales completamente puros y
brillantes. –Viniendo ya de una criatura que no puede definir su sexo ni la
manera de autosatisfacerse debe significar que soy terrible.
Lain bajó las manos sonriendo y manteniéndose tranquila,
la alquimia del viento creció en sus brazos, las runas alcanzaron sus hombros y
la sonrisa llego en ambos rostros, la rival fue la que rompió primero en
carcajadas.
-Dices estar serena y mira lo que está pasando contigo ya
perdiste el control de tu elemento pequeña porquería indigna de estar en mi
presencia… cercenaré tu cabeza y utilizare tu cráneo como hombrera de mi
armadura.
La criatura con la guadaña se levantó y dio un brinco
desmaterializándose. Lain sólo tuvo que levantar la mano y aquella criatura
volvió a tomar forma física en el mismo lugar donde se había desaparecido.
-¿Sabes? Durante mucho tiempo Ghaleon dio enseñanza
correcta sobre que uno no puede alterar directamente la esencia de un
sortilegio, pero puedes aislarlos en otros para evitar que surtan mayores
daños. Un ejemplo que me explicó fue el encerrar un cofre con una cerradura
mágica y para reforzar esto, esconderlo en un lugar que también estuviese
protegido por un conjuro.
Cuando Lain avanzó levantó la vista encarando a aquella
criatura la magia desapareció de sus ojos mientras hacía pases con sus manos
evocando un conjuro. –Ghaleon también alguna vez hizo que mi conjuro se
volviere en mi contra, tú te desapareces usando el aire para moverte, pero hay
un detalle en todo tu derredor y el mío, no hay Aire. Lo he ido condensando
exactamente dónde estás tú, por ello es que el elemento se ha levantado hasta
mis codos.
Levantó ambas manos firmemente -El hielo ha comido el
resto de mis brazos tatuándolos con su brillo hasta los hombros…
La fuerza del elemento se hizo presente mientras todo se
iba condensando en un frio que se derretía de su armadura para transformarse en
agujas de hielo que, por la alquimia de aero; terminaban clavadas en la piel
del andrógino. Quien haciendo acopio de valor y tras los gemidos de dolor,
encaro fulminantemente a su rival.
-Esto es inútil, dañaras mi cuerpo de manera superflua,
¿Crees que …
-Demios, Sin Vithael- Masculló Lain finalizando su
hechizo, liberando toda la magia y uno de los tantos conjuros que tenía en la
mente aprendidos de los libros de Ghaleon, tuvo que mantener total
concentración y aún en ello sus vestimentas cambiaron, la armadura se deshizo
en polvo completamente quedando solamente con sus espadas de hielo en las manos
y aquel pañuelo de Ghaleon, lo último que había quedado de su túnica a su
alcance. Y las palabras de su rival jamás salieron. Hielo y Aire encontraron un
punto de gravedad creado con magia, que ejerció su atracción sobre todo lo que
estaba alrededor, inclusive Lain fue jalada de su lugar con una fuerza mayor a
la que se hubiere imaginado. Aquellos finos cristales que se clavaron en la
piel de la mujer encontraron su camino hacia el musculo cardio de su rival. El
aire y la gravedad la comprimieron y Lain tuvo que frenarse apoyándose
firmemente contra el piso, ya que aquella rival se transformó en un amasijo
amorfo y sanguinolento de huesos y carne.
-Idiota, si Ghaleon o Esmeralda se enfrentaron contigo,
paciencia tuvieron en soportar tus estupideces, pero yo no tengo paciencia para
tus discursos. –Blackrose liberó el conjuro que había sostenido para la
gravedad y se dejó llevar con la explosión de hielo y viento que compreso como
se encontraba en ese momento, se liberó de maneras brutales en todas
direcciones.
-Y aprendí bien sus magias y aunque el muy bastardo no
esté para observarme prevalecer sobre ti, pero confío en que pronto reiremos en
la chimenea de Kjeldor mi hija, él y yo respecto tu muerte. –La explosión fue
poderosa dejando marcas de color carmesí por todos los arboles aledaños. Las
manos de Esmeralda la atraparon y unos zarcillos de luz la envolvieron
protegiéndola de todo elemento.
-Impresionante Blackrose, verdaderamente impresionante
como no diste oportunidad a tal criatura.
Blackrose, sostuvo el aliento, no atinó a decir
absolutamente nada, eran rivales de antigüedad, no sabía bien por qué ella
había empezado las hostilidades ¿O lo había hecho ella misma? Era algo
intrínseco, pero no difícil, si se ponía a analizar las cosas, Esmeralda
siempre protegió a Ghaleon con la vida, era su suporte y su esposa. Y ella por
su parte siempre buscó la manera de superarlo, de tomar su atención, inclusive
en algún momento pensó en matarlo. ¿Era tan imposible de adivinar por que había
nacido aquella rencilla? Ahora en el mismo lado luchaban por distinta causa
pero el objetivo era sobrevivir y caminar en distintas direcciones persiguiendo
el futuro.
Si en algún momento debía haber una respuesta está jamás
llegó. El señor de la calavera hizo acto de presencia frente de ellas con un
nada insignificante número de esbirros y una mujer que vestía unas ropas
blancas que Esmeralda reconoció en el acto, sus músculos se tensaron y se
trabaron.
-Vamonos Blackrose, ella es una criatura de la luz y él,
un adversario que está a mi altura, no los derribaremos fácil con tantas
criaturas de por medio.
Lain evaluó las cosas mientras se incorporaba y se dio
cuenta que había mucha razón en sus palabras, Catfe era un rival ya por si
mismo terrible pues era uno de los tres señores de la costa de la magia y la
mirada de la mujer mostraba una absoluta falta de alma, estaba bajo un hechizo,
uno que no la hacía responsable de sus actos y matar a una mujer dominada que
vestía las túnicas de… ¿Era ella? No podía ser.
-¿Miral?
-Sí, la
misma que vimos fenecer en sus aposentos antes de entrar a la torre de Ghaleon.
Un golpe sordo un
estruendo mayor capturó la atención de ambas, Geburah finalmente se había
levantado vencedor ante un licano que cayó no muy lejos de ellas en una mancha
de sangre que se acrecentaba.
-Ghaleon- Grito Lain con
desesperación al tiempo que se alejaba de Esmeralda quien se mantenía
expectante y dudó un momento en apoyarla. Cuando volvió la vista hacia las
altas cumbres de los arboles la figura de Geburah apareció y sin temer otra
cosa se apresuró a embestirle con el hombro. El contacto fue brutal ya que
logró mover de su trayectoria al enorme coloso que descendia en caída libre con
destino ciertamente letal.
La colisión cobró aún
así cierto daño, la armadura de aquel maldito hervía, su cuerpo estaba cercano
de ser una flama, había reclamado demasiado de si mismo el oponerse al guardia
que protegía a aquella vampiro.
Descendió corriendo y
esquivando cuanto pudo de flechas para al llegar al lado de Blackrose volver a
poner su escudo evitando los proyectiles tanto mágicos como los pertrechos que
les arrojaban.
-¿Está muy grave?
–Preguntó sin poder atenderlo ya que se concentraba en buscar con su vista
aquella musculatura enorme que de seguro no se detendría.
-Tiene cortes en todos
lados, pero está sanando demasiado rápido, creo que estará bien si lo logramos
sacar de aquí, por lo menos no morirá en combate si lo sacamos ahorit… -
Esmeralda dejó su lanza
clavada en el piso.
-NO TE MUEVAS BLACKROSE-
Con aquellas palabras salió al combate al haber encontrado a su adversario,
Geburah venía de frente con un solo objetivo pero Esmeralda no estaba deseando
que esto sucediere. ¿En verdad sería Ghaleon? Era imposible sus facciones
habían envejecido, siempre lo conoció con el porte de aquel varón entrado en la
treintena de edad, alcanzó los más de cinco milenios y no se le logró ver que
envejeciere. Ahora sin embargo, el viejo que estaba en las piernas de Blackrose
parecía haber alcanzado los últimos días de su vida.
Geburah hizo el primer
golpe, pero su arma falló, ya bien conocidos sus movimientos por Esmeralda se
resbaló por el piso evitando que el golpe la partiere por mitad. Pero aquel
enorme coloso ya previsto esto la detuvo poniéndole la pierna sobre el cuerpo,
la había adivinado y la tenía prisionera contra su cuerpo. Esmeralda se quedo
aterrorizada un momento, cuando descargo Geburah su fuerte puño sobre ella como
un pesado ariete y cuando golpeo los brazos de ella pudo sentir sus huesos astillarse bajo las protecciones de su
armadura, sus brazos sucumbieron e igual lo hizo parcialmente la armadura de su
pectoral que quedó abollada tras semejante ataque, respirando entrecortadamente
no alcanzó a escuchar todo alrededor… le dolia demasiado el pecho no podía
respirar por la opresión del metal desfigurado y solo pudo contemplar aquel
coloso levantar ambas manos, apuntar la hoja de metal sobre su yugular.


