jueves, 2 de agosto de 2012

Encuentro de conocidos


En aquellas palabras los compañeros de Arkhal intercambiaron miradas, y Hitomi buscaba con sus ojos a Celes, la había visto en el campamento, ahora ignoraba su situación, Dryden por igual se había alejado de ellos, la joven gitana que había hecho buena amistad con Esmeralda rondaba con aquel caminar grácil a su alrededor. Sus ojos demostraban preocupación y nerviosismo pero curioso fue que buscó primero el cobijo de su maestra Nienna antes que el de su hermano.
Un aliento más… era lo único que deseaba se dijo de esta manera que no caería en aquella situación por más negra que estuviese, había salido a hacer frente a las huestes de Reichero ordenando a todos que se guardasen tras el muro que habían hecho los arboles al ser moldeados por los elfos con tanta dedicación, una muralla natural y confusa, que impedia a ojos ajenos apreciar la hermosura del reino que estaba en su interior. En su mente acudió el recuerdo nítido de Kjeldor, aquel precioso bosque que el mago había hecho con magia, por alguna desgraciada situación lo recordaba ahora en toda su calma, el enorme árbol era una mansión, cien metros de altura como minimo y dentro del mismo se habrían habitaciones comodas de madera, en algunas de ellas, había pequeñas chimeneas y los hermosos vitrales que eran puerta y ventana de cada estancia, su habitación, como amiga y compañera de Ghaleon, ella tenía derecho a estar en lo más precioso de aquel paramo calmado y delicioso. ¿Qué había sido de aquel remoto tiempo donde con tanta terquedad como inocencia su inmaculada alquimia la había llevado a esto? ¿Qué fue de aquel mago que le procuro protección y enseñanza? Había dudado un momento, solo un segundo cuando el señor de la calavera y aquella criatura convocada fueron a su ataque. El nombre del hechizo fue conocido (finalmente, lo cual dibujó una sonrisa efímera en el rostro de la alquimista) y también el nombre de la demonio que habían convocado para combatirle Kartia… recordaba aquel nombre pero habían pasado siglos desde que lo escuchara (o por lo menos así lo sentía)… cuando Ghaleon estuvo delante de su ancestro en el infierno, el nombre había sido pronunciado por alguien en la distancia cuando ella atacaba a Esmeralda en compañía de Geburah y Altair. ¿Cuánto había pasado desde aquel entonces? Catfe se encontró con la formidable defensa de su homúnculo quien con destreza y un despiadado ataque lo mantenía a raya incapaz de poder concentrarse en ejecutar un conjuro en su contra. Shante tampoco se prestó tarde al combate, Kartia había sido conjurada directamente a un ataque con su latigo el cual jamás impactaría en la ama de Shante, antes perdería la vida honrosamente y fue ella quien recibió el azote en castigo (se dijo a si misma) por no haber estado suficientemente preparada y lista para protegerla de una mejor manera. Pero lo que le paralizó fue el haber encontrado a Geburah de frente y no tener ningún sentimiento salvo la ira cuando se lanzó a atacarla. Su concentración se hizo pedazos.
-¿Es esto para lo que has venido?
Ninguna respuesta.
-¡Contesta Geburah!
Silencio.
Lain sufrió un desanimo sus manos colgaron laxas mientras veía a la bestia llena de odio acometer en medio de todos los esqueletos y alquimistas. Observó todo a su alrededor, ¿De que le servía el poder? Había perdido a Ghaleon, a Geburah en aquella guerra, ¿Qué le quedaba?
El demonio salto y el punto más alto comenzó a trazar una diagonal mortífera la espada apuntaba a su pecho. Eso era todo, no había despedidas largas ni un abrazo, nadie que la reconociere. Solamente silencio, el final de su vida sería el de una guerrera que estaría olvidada entre los despojos de los otros combatientes caídos, guiado por la mano del ser que amo tanto como para haber engendrado a su primogénita. Cerró los ojos finalmente con la imagen de Ghaleon en su pensamiento, pero ahora no estaban espalda con espalda, ni siquiera de frente, él le había dado la espalda, aquel largo y hermoso cabello plateado, lacio y bien arreglado siempre ondulaba frente a ella.
¿Ni siquiera tú me darás un adiós digno, mago?
-¡Pelea!
-¿Cómo?
-Pelea por tu vida, pelea por seguir un día, pelea por cambiar el futuro.
La voz era distinta, no era la dulce voz de Ghaleon, era más similar a la de Istar la del guerrero firme que siempre vigilaba la ciudad de Zhan Hou, la otra esencia de Ghaleon, pero él tenía el cabello corto.
-Pelea, ¡álzate!
Lain levanto la vista, no supo exactamente en qué momento había sido que abrió los ojos o si solamente fue un parpadeo, pero lo siguiente que observó fue la melena plateada, un hermoso moño color rojo la mantenía firmemente anudada, la patada había desviado el metal de Geburah hasta que este se incrustó en el suelo, usando el lado romo de la espada como base el guerrero se giró sobre si mismo y lanzó una patada firme al rostro de su rival. Geburah salió lanzado hacia atrás mientras que el caballero bajó de la espada clavada en el piso ante ella y la volvió a ver por encima del hombro, su quijada desencajada por el salvajismo mostraba unos caninos prominentes.
-Me encargaron cuidar de tu vida, espero que la valores más puesto que si no serás un estorbo o una carga inútil. –Se giró bravío, ya había encontrado a su rival cuando Blackrose salió de su parálisis. Pero el rostro enérgico del guardia era ¿Ghaleon? El cabello, el porte, sus palabras, era el maestro de ella. ¿O no? Jamás lo sabría, ya que aquel personaje se lanzó al combate cerrado abriéndose paso entre los seres de ultratumba, importando muy poco lo que se interponía en su camino, era elegante, poderoso pues con manos y pies se deshacía de todo lo que se ponía en su paso a confrontar a Geburah. Los muertos siguieron avanzando hacia ella mientras que Geburah volvía a saltar para caer sobre el adversario que le había arrebatado su dulce placer.
-¡Ghaleon arriba!-Gritó Lain mientras esperaba que su voz se alzara por encima de los gritos y las trompetas, el guerrero parecía no entender a quien se refería pues no presto atención concentrado como estaba en esquivar a un enorme coloso de carne que le había cerrado el paso. Y Geburah aprovechando aquel punto ciego en la vista del rival descendería inclemente a fulminarlo.
La alquimia nació en su sangre, sus ojos se pusieron en blanco cuando el hielo congelo todo en su ser hasta el corazón mismo. Su cuerpo se recubrió de hielo y después se fundió su esencia al elemento. Supo el radió que podía abarcar para llevar todo al punto de congelación y mucho más abajo, no podía hacerlo en donde ella se encontraba ya que el hechizo protector de la ciudad absorbería casi la mitad de su poder, pero poco se desperdiciaría si lo hacía en donde se encontraba el guerrero que le había salvado la vida.
-Aero- Demandó en su trance haciendo que el viento le obedeciera, y de un firme impulso se levantó con la vista fija en su oponente que descendía a dar muerte al guerrero que tenía las vestimentas de mayordomo. El tiempo fue crucial y los segundos se hacían eternos en el momento en que ella caía al piso y todo lo que le rodeaba se cubría de un hermoso color blanco irreal y cristalino, congelando en el acto todo a su alrededor. Una niebla negra apareció cuando su ataque pudo haber alcanzado a Reicario, pero ella no quiso concentrarse en esto, estaba más preocupada en dar forma al hechizo, reconociendo la esencia del mayordomo para que este no fuere afectado por su conjuro.
-Siéntelo- La voz hablaba en su interior, -Libéralo con calma enfoca los objetivos, afecta solamente lo que quieres que esto toque, no permitas que nada interrumpa tu concentración.
Su mirada carente de iris solamente se enfocaba al frente, pero era tener todos sus sentidos despiertos, ella sabía el error que cometería si su estado era interrumpido, no importaba ya su físico, ella era el hielo que cubría todo lo que le rodeaba, una muesca en este no importaba, solamente la frustración le llegaba cuando intentó ferozmente pasar aquel muro de tinieblas que se había levantado antes de que alcanzara a Reicario.
Se preguntó cómo era que en ese momento podía escuchar tales voces en su mente cuando todo se estaba congelando y podía ver la retribución de los alquimistas aparecer en el aire, inmensas bolas de fuego que golpeaban los arboles y de pronto varias de ellas se enfrentaron en un torrente de fuego, el objetivo había sido ubicado.
-No pierdas el control- Continuaba aquella voz trastornándola.
-¿Quién eres?- La voz salió muy dolida el fuego había hecho un torrente que se vertía como si fuere liquido encima de su cuerpo físico, el hielo resistía pero el dolor era como estar dentro de un horno encendido. Todo era dolor y sin embargo ¿Le pedían que se concentrara?
-Guarda la concentración o terminaras cayendo bajo ese conjuro. Si no mantienes la magia bien establecida en tu cuerpo te va a devorar. Asegura que no vas a crecerlo más, baja la temperatura que el aura fría de tu cuerpo haga todo por repeler el daño que estás recibiendo o te van a romper la concentración, el desenlace de esto puede ser fatal.
Lain levantó la vista y pronto sintió como unos pasos ligeros llegaron a su espalda, el fuego le rodeaba pero la aura era conocida rival de antaño, extraño que en ese momento gozara con su presencia.
-Pensé que sería solo la primera en caer.
-No mientras esté aquí Blackrose, si alguien se llevará ese tipo de honor, no merece ser una aprendiz incompleta como tú.
-También te aprecio perrita fiel de Ghaleon- Fue la respuesta, pero en realidad el consejo funcionaba, el calor poco a poco se retiró de su cuerpo cuando la dama celestial se acercó a tomarla por la espalda aquella fuerza protectora fue abrumadora. Los quejidos de alguien delante de ella pusieron todo en marcha nuevamente.
-Esmeralda, adelante, unos cincuenta pasos, un ser está combatiendo con Geburah, sin armas, se parece mucho a…
-…Ghaleon. Sí –Suspiró Esmeralda- Es algo que imaginé ambos tienen más o menos la misma fuerza física.
-¿Quién es?
-No lo se, pero no hay porque preocuparse, es algo brusco y sus movimientos son muy firmes.
El hielo comenzó a arder todo alrededor y Lain comenzó a sentir el verdadero dolor de cómo todo su cuerpo se volatilizaba.
-AAAAAAAAAAHHHHHHHHH..
-Ja ja ja ja ja-la risa cacofónica de aquella criatura fue inconfundible para Esmeralda mientras con un giro firme de su arma apartaba las llamas sofocándolas, por la fuerza con la que el viento se apartó de ahí.
-Estás bien Blackrose?
La alquimistas tuvo que reducir el conjuro, regresarlo a su mano y alimentar con ello el sello de la alquimia, un toque en el hombro que Esmeralda hizo aquel dolor se esfumara.
-Ella es mia.
-Eso fue alquimia, cambió mi elemento.
-Así es, Esa cosa no se si es hombre o mujer, pero me debe un combate y aquí no hay nada que me importe.
Lain retomó su cuerpo y pudo observar como su amado y aquel feroz guardián se enfrascaban en un combate cerrado, los golpes de aquel mayordomo eran finos y potentes, Geburah más torpe en aquello ya había hecho sangrar a su adversario, después de todo no necesitaba más que asestar un par de veces para hacer sufrir a cualquiera y solo un par más para borrarlos del mapa. Tronando sus dedos la alquimista atrajo sus espadas de hielo, manteniendo la concentración en ellas para que no las volvieren a trasmutar, las solidifico más allá de lo que cualquier acero y cuando los alquimistas comenzaron su ritual la vista de Esmeralda estaba contemplando el horizonte.
-Allá en lontananza está Reicario, tenemos que detenerlo, si el maldito termina el conjuro que dice estar fabricando todo el mundo sufrirá.
-Malditos sean los magos y sus creaciones para dañar a terceros. –Escupió molesta Blackrose.
-El no es solo un mago, es un alquimista y sus huestes se mueven con una mezcla de ambas cosas. La mujer apuntó su lanza contra los muertos vivientes que salían del hielo que había sido su tumba para continuar caminando contra la ciudad. Cuando estuvo seguro de su objetivo acomodo su arma en ristre, los alquimistas atacaron con una verdadera mezcla de artes donde se fundían metales arrojadizos y elementos por igual, todo fue ignorado tras aquella estocada. Lain ya había visto ese ataque con anterioridad, no sabía que tenía que concentrarse para ejecutarlo, pero la postura de su arma fue meticulosamente calibrada, flexionando las piernas también en un movimiento metódico y el empuje fue elegante, firme y poderoso, no había ninguna desviación su lanza tenía en la punta su objetivo y el impulso de sus pies fue directamente sobre aquel objetivo, aunque su salto fue bloqueado por un pútrido engendro muerto-viviente que se notaban aún sus órganos cayendo del cuerpo, esto no hizo ninguna mella, el golpe salió firme, poderoso y tuvo un alcance de decenas de metros cuando todo se desintegro en el paso de semejante presión de aire.
-Una vez esa cosa te parte puedes imaginar un par de maneras de evadirlo- Habló la criatura cuando apareció materializándose del viento, con aquella voz ambisexual y burlesca. Transformó sus uñas en prominentes garras mientras aquel cuerpo afeminado se exhibía vulgar con poca ropa.
-¡Esmeralda! –Lain se lanzó a la carga con una sonrisa en labios.
-Muere perra. –Fueron las palabras de aquella criatura mientras veía el cabello azul de la dama acomodarse lejos de su rostro, mostrando una sonrisa victoriosa. La descarga elemental fue un prodigio, fuego y electricidad comieron la piel de la criatura mientras que el viento se acumulo un segundo un momento después ya estaba ella volando lejos en la distancia justamente al lugar donde Lain le atravesó el costado en la parte baja, sintió la piel de la criatura ser partida hasta que el árbol contra el que la empujó se abrió ante la fría espada. No hubo un gemido mayor, solamente un ahogado y discorde sonido, la sangre manchó el brazo libre de Lain ya que lo había usado para cargar contra aquel cuerpo al viento.
-Idiota –Ni los golpes más firmes de mi hija y míos pudieron traspasar la defensa mágica de Esmeralda completamente eufórica ante la promesa de una guerra donde finalmente pondría a prueba toda su preparación.
Cuando descargo el segundo brazo contra el cuello de aquella criatura, la misma se había difuminado en el viento, comprendió medio segundo lo que estaba sucediendo y su instinto más que otra cosa, le hizo invocar aero mientras se levantaba, las garras de aquella criatura atravesaron la madera del mismo árbol solo un momento después de que Lain evadiere el golpe, aunque igualmente Esmeralda había cargado de espaldas y golpeado con una embestida el cuerpo de aquella criatura y cuando giró su arma estuvo lista para fulminarle, pero los alquimistas no se quedaron de manos cruzadas, la tierra se abrió bajo Esmeralda devorándola entera, dando tiempo a que aquel engendro se recuperara. Lain desde el cielo tuvo que invocar en repetidas ocasiones aquel conjuro de viento, ya fuere para impulsarse ella misma o bien para detener los proyectiles, cambiarlos de rumbo y afrontar el mar de situaciones de aquella manera sin desgastarse. Un grupo de alquimistas se encontraba guarecido bajo la sombra de un árbol, pero para su visión infernal era como observarlos en clara diana. Volvió la vista abajo, donde su arma y uso el aero para bajar a recoger aquella que estaba clavada, ya no daba cuenta de Esmeralda, tampoco observaba a Geburah por ningún lado, los zombies lento, pero constante habían alcanzado las puertas de la ciudad, estás habían ya sido cerradas y los arqueros se revolvían vanamente por intentar bajarlos. Los de mayor rango igual con sus flechas elementales incineraban y reducían al enemigo en un santiamén, la ciudad podría aguantar un buen asedio ciertamente por algo el maldito orgullo tan arrogante de los elfos al estar tras esa solida muralla natural.
-Refuerzos verdaderos ¿Donde están? –Musitó un tanto preocupada pues sabía que ella estaba en desventaja con aquella criatura cuyo dominio de alquimia; aunque doliere decirlo, imperaba sobre el suyo propio.
Un estruendo un golpe más seco que el resto le hizo volver la vista mientras usaba el aero como lo había visto en aquella mujer, sobre su propio cuerpo y sintió como se desmaterializaba y todo a su alrededor le empujaba en direcciones distintas, luchó contra si misma por mantenerse unida, pero su propio uso de la alquimia la invitaba a mantenerse separada. ¿Esto lo enfrentabas a cada momento con la magia elfo? ¿Luchar para que tus conjuros no te devorasen en el uso de los mismos? La criatura, aquella inverosímil porquería debería estar acechándola, en el momento en que ella misma apareciere ¿La otra aparecería? Indudablemente, tendría que estar preparada para ello, no descuidarse ni un instante. ¿Cuál sería el alcance de su Alquimia? Su sonrisa apareció pues pronto lo descubriría. Avanzó entre los alquimistas, el grado de concentración de todos era absoluto, los simbolos de la tierra se dibujaban en sus brazos. Los demás avanzaban prudentemente entre las sombras de los arboles contra los muros de la ciudad, sus trucos servirían cuando el muro mágico de la ciudad sucumbiese, pero de otra manera era inútil, en cuanto el alto concilio de archimagos se reuniere en los muros ellos serian pomada, siempre y cuando Reicario no terminase de ejecutar La noche de las sílfides de lo contrario ellos serían solamente un grupo de ancianos a merced de jóvenes guerreros y mercenarios en todo su poder.
Una enorme piedra salió encima de ella y no pudo evitar volver la vista, tenía el peso necesario para destruir aquellas puertas de madera. Los guerreros en la muralla ni se inmutaron, y era de esperarse pues aquella roca jamás impactaría, suspendida en el aire por un momento perdió todo impulso y cayó con un sordo golpe al piso sin fuerza alguna que la moviere. Ghaleon y los que levantaron aquel escudo eran sabios y poderosos, ya que protegieron de magia, de metal y piedra. ¿Qué más habías previsto amigo? Su pensamiento fue extraño, lo veía como un superior, lo veía como un cercano, como un amigo, no era ya algo que pelear como el amor en esta guerra, eran las vidas que estaban tras ese muro lo único que le quedaba por defender, y su cuerpo no sería más importante que el de cualquier otro en la fosa común donde enterrarían a los caídos. ¿Esmeralda la resucitaría? Solo si ahora la ayudaba y eso le recordó… Deambuló entre los alquimistas, uno pronto cayó, el elemento brillaba más allá de su mano y ella misma lo sabía, si el elemento llegaba a apoderarse del cuerpo más que su propio control se perdería dentro del mismo. Era obvio que necesitaban mucho dominio para retener la fuerza que estaban neutralizando ¿Era Esmeralda capaz de poner a seis rivales a consumirse de esa manera? Se frustró ya que la otra criatura que le rondaba también en modo etéreo era rival más que suficiente para sí misma y Esmeralda podía mantener ocupados a tantos era algo que la hizo ponerse molesta, se depositó a sí misma en medio, conjuró a plenitud nuevamente el hechizo que había aprendido de Ghaleon y se materializó en ese momento explotando el viento que reunió para materializarse y al mandarlos en todas direcciones sintió la presión y el desconcierto que causo esto entre los guerreros aledaños.
-¡Esmeralda levántate!- Gritó firmemente mientras que levantaba la vista, mantenía el aire controlado en presión cuando sintió la mínima variación del mismo recubrió su espalda y su brazo con una armadura, fue la decisión correcta la guadaña entró en contacto con aquella armadura al tiempo que se solidificaba, pudo sentir como entraba en su cuerpo y el punzante dolor que entregaba aquel amargo sabor a sangre. Desvió la arma que debería haberla partido en dos y utilizó la palma para liberar el viento en contra de aquella criatura, su dolor fue algo insignificante, levantó la vista a donde escuchó el estampido a donde proyectó a aquella cosa y al ver como se reía solo atinó a mantener la calma, su costado sangraba un momento y en el que sigue el hielo detuvo la herida, le hizo un poco más difícil la movilidad pero era mejor esperar a que el hielo quemara el liquido, una vez lo congeló, simplemente reconstruyó su cuerpo a partir de él. La criatura se levantó del roble donde impactó mientras levantaba la guadaña sobre su hombro.
-No eres más que un jodido andrógino insignificante. –Escupió Blackrose sumamente satisfecha por la aseveración e irritada, pero no perdería el juicio, había tenido suficiente de esa criatura.
-Y tú una niña indefensa sin tu amiga. –Le espetó con aquella voz bisexual.
-Ella es una guerrera, esposa de un Archimago que mató criaturas como tú desde mucho tiempo antes que yo tuviere uso pleno de la alquimia y aprendiere de él la magia.
-¿Así que tu eres la aprendiz de ese bastardo? Solían decir que tenía especial predilección por cuidarte y martirizarte, como también… -sonríe- Que te cuidó y dejó a tu alcance todo tipo de enseñanza para que pudieres ser igual o superior a él. Es decepcionante ver que eres tan débil y que eso es mentira, no usas la magia, eres una alquimista no lejana a lo que el tanto odió y destruyó.
Lain avanzó atemporal y siniestra, decidida a acabar con todo aquello.
-Él confió en mí, y yo aprendí todo cuanto pude sin apreciar nunca su sabio consejo.- Se sentía rara defendiendo de esa manera al elfo, pero en ese momento era un duelo y aquella criatura no se iría con ningún gane, no frente a ella. –Fue un buen maestro y tuve el placer de sentir su enseñanza, y ahora que veo el legado que ha dejado en este mundo me doy cuenta que debí valorarlo más mientras estuvo a mi lado como instructor.
La armadura la recubrió completamente mientras su cuerpo bajaba los latidos hasta ser casi imperceptibles.
-Eres solamente un gusto más que me voy a dar al destruirte. Creí que habías aprendido que tu dominio es muy pobre comparación del que usamos los verdaderos fugitivos.
-¿En serio? –Los ojos de Lain se cargaron de energía desapareciendo el iris al verse como diamantes, cristales completamente puros y brillantes. –Viniendo ya de una criatura que no puede definir su sexo ni la manera de autosatisfacerse debe significar que soy terrible.
Lain bajó las manos sonriendo y manteniéndose tranquila, la alquimia del viento creció en sus brazos, las runas alcanzaron sus hombros y la sonrisa llego en ambos rostros, la rival fue la que rompió primero en carcajadas.
-Dices estar serena y mira lo que está pasando contigo ya perdiste el control de tu elemento pequeña porquería indigna de estar en mi presencia… cercenaré tu cabeza y utilizare tu cráneo como hombrera de mi armadura.
La criatura con la guadaña se levantó y dio un brinco desmaterializándose. Lain sólo tuvo que levantar la mano y aquella criatura volvió a tomar forma física en el mismo lugar donde se había desaparecido.
-¿Sabes? Durante mucho tiempo Ghaleon dio enseñanza correcta sobre que uno no puede alterar directamente la esencia de un sortilegio, pero puedes aislarlos en otros para evitar que surtan mayores daños. Un ejemplo que me explicó fue el encerrar un cofre con una cerradura mágica y para reforzar esto, esconderlo en un lugar que también estuviese protegido por un conjuro.
Cuando Lain avanzó levantó la vista encarando a aquella criatura la magia desapareció de sus ojos mientras hacía pases con sus manos evocando un conjuro. –Ghaleon también alguna vez hizo que mi conjuro se volviere en mi contra, tú te desapareces usando el aire para moverte, pero hay un detalle en todo tu derredor y el mío, no hay Aire. Lo he ido condensando exactamente dónde estás tú, por ello es que el elemento se ha levantado hasta mis codos.
Levantó ambas manos firmemente -El hielo ha comido el resto de mis brazos tatuándolos con su brillo hasta los hombros…
La fuerza del elemento se hizo presente mientras todo se iba condensando en un frio que se derretía de su armadura para transformarse en agujas de hielo que, por la alquimia de aero; terminaban clavadas en la piel del andrógino. Quien haciendo acopio de valor y tras los gemidos de dolor, encaro fulminantemente a su rival.
-Esto es inútil, dañaras mi cuerpo de manera superflua, ¿Crees que …
-Demios, Sin Vithael- Masculló Lain finalizando su hechizo, liberando toda la magia y uno de los tantos conjuros que tenía en la mente aprendidos de los libros de Ghaleon, tuvo que mantener total concentración y aún en ello sus vestimentas cambiaron, la armadura se deshizo en polvo completamente quedando solamente con sus espadas de hielo en las manos y aquel pañuelo de Ghaleon, lo último que había quedado de su túnica a su alcance. Y las palabras de su rival jamás salieron. Hielo y Aire encontraron un punto de gravedad creado con magia, que ejerció su atracción sobre todo lo que estaba alrededor, inclusive Lain fue jalada de su lugar con una fuerza mayor a la que se hubiere imaginado. Aquellos finos cristales que se clavaron en la piel de la mujer encontraron su camino hacia el musculo cardio de su rival. El aire y la gravedad la comprimieron y Lain tuvo que frenarse apoyándose firmemente contra el piso, ya que aquella rival se transformó en un amasijo amorfo y sanguinolento de huesos y carne.
-Idiota, si Ghaleon o Esmeralda se enfrentaron contigo, paciencia tuvieron en soportar tus estupideces, pero yo no tengo paciencia para tus discursos. –Blackrose liberó el conjuro que había sostenido para la gravedad y se dejó llevar con la explosión de hielo y viento que compreso como se encontraba en ese momento, se liberó de maneras brutales en todas direcciones.
-Y aprendí bien sus magias y aunque el muy bastardo no esté para observarme prevalecer sobre ti, pero confío en que pronto reiremos en la chimenea de Kjeldor mi hija, él y yo respecto tu muerte. –La explosión fue poderosa dejando marcas de color carmesí por todos los arboles aledaños. Las manos de Esmeralda la atraparon y unos zarcillos de luz la envolvieron protegiéndola de todo elemento.
-Impresionante Blackrose, verdaderamente impresionante como no diste oportunidad a tal criatura.
Blackrose, sostuvo el aliento, no atinó a decir absolutamente nada, eran rivales de antigüedad, no sabía bien por qué ella había empezado las hostilidades ¿O lo había hecho ella misma? Era algo intrínseco, pero no difícil, si se ponía a analizar las cosas, Esmeralda siempre protegió a Ghaleon con la vida, era su suporte y su esposa. Y ella por su parte siempre buscó la manera de superarlo, de tomar su atención, inclusive en algún momento pensó en matarlo. ¿Era tan imposible de adivinar por que había nacido aquella rencilla? Ahora en el mismo lado luchaban por distinta causa pero el objetivo era sobrevivir y caminar en distintas direcciones persiguiendo el futuro.
Si en algún momento debía haber una respuesta está jamás llegó. El señor de la calavera hizo acto de presencia frente de ellas con un nada insignificante número de esbirros y una mujer que vestía unas ropas blancas que Esmeralda reconoció en el acto, sus músculos se tensaron y se trabaron.
-Vamonos Blackrose, ella es una criatura de la luz y él, un adversario que está a mi altura, no los derribaremos fácil con tantas criaturas de por medio.
Lain evaluó las cosas mientras se incorporaba y se dio cuenta que había mucha razón en sus palabras, Catfe era un rival ya por si mismo terrible pues era uno de los tres señores de la costa de la magia y la mirada de la mujer mostraba una absoluta falta de alma, estaba bajo un hechizo, uno que no la hacía responsable de sus actos y matar a una mujer dominada que vestía las túnicas de… ¿Era ella? No podía ser.
-¿Miral?
-Sí, la misma que vimos fenecer en sus aposentos antes de entrar a la torre de Ghaleon.
Un golpe sordo un estruendo mayor capturó la atención de ambas, Geburah finalmente se había levantado vencedor ante un licano que cayó no muy lejos de ellas en una mancha de sangre que se acrecentaba.
-Ghaleon- Grito Lain con desesperación al tiempo que se alejaba de Esmeralda quien se mantenía expectante y dudó un momento en apoyarla. Cuando volvió la vista hacia las altas cumbres de los arboles la figura de Geburah apareció y sin temer otra cosa se apresuró a embestirle con el hombro. El contacto fue brutal ya que logró mover de su trayectoria al enorme coloso que descendia en caída libre con destino ciertamente letal.
La colisión cobró aún así cierto daño, la armadura de aquel maldito hervía, su cuerpo estaba cercano de ser una flama, había reclamado demasiado de si mismo el oponerse al guardia que protegía a aquella vampiro.
Descendió corriendo y esquivando cuanto pudo de flechas para al llegar al lado de Blackrose volver a poner su escudo evitando los proyectiles tanto mágicos como los pertrechos que les arrojaban.
-¿Está muy grave? –Preguntó sin poder atenderlo ya que se concentraba en buscar con su vista aquella musculatura enorme que de seguro no se detendría.
-Tiene cortes en todos lados, pero está sanando demasiado rápido, creo que estará bien si lo logramos sacar de aquí, por lo menos no morirá en combate si lo sacamos ahorit… -
Esmeralda dejó su lanza clavada en el piso.
-NO TE MUEVAS BLACKROSE- Con aquellas palabras salió al combate al haber encontrado a su adversario, Geburah venía de frente con un solo objetivo pero Esmeralda no estaba deseando que esto sucediere. ¿En verdad sería Ghaleon? Era imposible sus facciones habían envejecido, siempre lo conoció con el porte de aquel varón entrado en la treintena de edad, alcanzó los más de cinco milenios y no se le logró ver que envejeciere. Ahora sin embargo, el viejo que estaba en las piernas de Blackrose parecía haber alcanzado los últimos días de su vida.
Geburah hizo el primer golpe, pero su arma falló, ya bien conocidos sus movimientos por Esmeralda se resbaló por el piso evitando que el golpe la partiere por mitad. Pero aquel enorme coloso ya previsto esto la detuvo poniéndole la pierna sobre el cuerpo, la había adivinado y la tenía prisionera contra su cuerpo. Esmeralda se quedo aterrorizada un momento, cuando descargo Geburah su fuerte puño sobre ella como un pesado ariete y cuando golpeo los brazos de ella pudo sentir sus huesos  astillarse bajo las protecciones de su armadura, sus brazos sucumbieron e igual lo hizo parcialmente la armadura de su pectoral que quedó abollada tras semejante ataque, respirando entrecortadamente no alcanzó a escuchar todo alrededor… le dolia demasiado el pecho no podía respirar por la opresión del metal desfigurado y solo pudo contemplar aquel coloso levantar ambas manos, apuntar la hoja de metal sobre su yugular. 

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